Cuenta la leyenda que el descubrimiento del té se originó hace más de 5.000 años en la antigua China cuando el emperador Shen-Nung, padre de la agricultura y medicina china, lo descubrió accidentalmente mientras hervía agua a la sombra de un árbol de té silvestre cuyas hojas se mecían dulcemente con la brisa. De manera casual algunas hojas cayeron en el agua que hervía y al beber la infusión el emperador se sintió reconfortado y con una especial sensación de bienestar. Al ser descubierto por el Emperador, el Té se expandió rápidamente desde China hacia el resto del mundo, convirtiéndose en un pilar importante en la dieta diaria de muchos países como India, Inglaterra y Japón, entre otros.